jueves, 26 de noviembre de 2009

Sin explicación.


Corrieron por el pasillo de la casa, dándose contra las paredes y los cuadros. Aquellos cuadros no le interesaban a nadie, y sus cristales eran viejos y absurdamente verdes. Así que intentar por un momento convertirlos en armas podía servir.
La tarde llegaba a su fin y aún no comprendían porqué habían empezado... se sorteaban la suerte que correría cada cabeza y se desafiaban constantemente. Los portazos hacían eco en el Barrio de la Concepción. Al principio, los vecinos pensaron en llamar a la policía, pero siempre había algo que los detenía. Cuando por fin aquello pasó a ser parte del paisaje, don Felipe y don Eusebio, comenzaron a hacer apuestas. Tanto fue, que la quermes de los sábados, tenia un pequeño stand con pequeños souvenirs que la Rosita hacía con mucho decoro.
A veces, dependiendo de los días alguno se antojaba un vermut o un wisky con hielo, otra veces se limitaban a esperar saber quién de los dos habitantes de la casa de madera ganaría la guerra de los abrazos.

7 comentarios:

  1. Todas las guerras deberían ser así.

    Besos.

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  2. Guerras de besos y porros. Sudores íntimos y miradas gimientes.

    Besos

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  3. Abrazos y besos... mis mejores armas. Bello!

    Besos

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  4. Cuidado..no se escapara algún beso inesperado

    Besos

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  5. Abrazos rotos en una guerra incruenta.

    Saludos

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Ahora tu...