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lunes, 30 de enero de 2012

El Espejo

Una vez estuve casada.
Una vez dije que amaba.
Una vez hice las cosas que tocaba.
Quise un gato, un marido, una casa, una vida.

Es curioso, pero sé que deseabas lo mismo, y sin embargo te mantienes en esa montaña. y desde allá me miras, me cuentas, me concluyes. Incluso a veces, me envidias. Yo también te siento, te conozco, te observo. Así, permanecemos dentro del espejo que nos
devora
              marchita
                             amenaza.
Hubieron círculos en tu vida y en la mía, Verónika. Cíclicos estados mentales y vitales. Yo a veces también, te envidio, ¿sabes?.... Envidio cada poro de tu cuerpo capaz de sentir la piel de los vivos. De aquellos que saben emocionarse, de los mortalmente divinos. Envidio tu capacidad de creer en mi, aún sabiéndome en La Violeta. Este lugar, que vive de las utopías y reconstruye su propia naturaleza.

bajaras de la montaña
para quedarte conmigo para siempre.
bajaras para amar libremente
sin propósitos ni horarios.
Entrarás, por fin, al sur de los pecados.
Donde todo es perdonado
y donde despertar es divino.

"déjame tranquila, Carola, no he llegado al punto de creerme mis propias mentiras."

viernes, 21 de octubre de 2011

Olor a soledad.

¿Dónde están los inciensos?. La primera noche en cualquier lugar se purifica con un incienso.
La primera noche en la cama de alguien al que todavia no le conoces el mal aliento es definitiva.Cómo es posible que en el irrisorio juego del amor, sea capaz de soportar tanto.Dicen que las mujeres somos mas tolerantes en tal sentido y que el despertar con alguien que nos gusta es romántico. Es romántico compartir almohada, sudor y baño....Los olores entran en todo esto? La frivolidad con la que una mujer despues de los treinta trata a un amante es consecuencia de los años de historia que traemos encima. La hijadeputez inmediata que nos corroe es directamente proporcional al pasotismo del hombre.
Y de un momento al otro, la que quiere follar es ella y enamorarse, él. Por mi encantada, no hay nada mas romántico que un hombre quiera enamorase y no encuentre a quién.

Carola sin embargo seguía enamorandose;  de las tardes al sol, de las violetas, de los gatos, de las noches sin estrellas, del galope de los caballos, del olor al césped recien cortado y mucho mas de la tierra mojada. A Carola le producía una fuerte excitación ciertas cosas como el movimiento del autobús sobre las calles de tierra, el revoque de las paredes, el olor a humedad...

Yo necesito los inciensos. No soporto el olor a soledad.