Una vez estuve casada.
Una vez dije que amaba.
Una vez hice las cosas que tocaba.
Quise un gato, un marido, una casa, una vida.
devora
marchita
amenaza.
Hubieron círculos en tu vida y en la mía, Verónika. Cíclicos estados mentales y vitales. Yo a veces también, te envidio, ¿sabes?.... Envidio cada poro de tu cuerpo capaz de sentir la piel de los vivos. De aquellos que saben emocionarse, de los mortalmente divinos. Envidio tu capacidad de creer en mi, aún sabiéndome en La Violeta. Este lugar, que vive de las utopías y reconstruye su propia naturaleza.
bajaras de la montaña
para quedarte conmigo para siempre.
bajaras para amar libremente
sin propósitos ni horarios.
Entrarás, por fin, al sur de los pecados.
Donde todo es perdonado
y donde despertar es divino.